martes, septiembre 27, 2005


Simplemente creo ser el remolino de angustias
dentro del rebaño que sigue tus pasos,
sigo la secuencia del hechizo vislumbrado en la cúpula de tu ser
que el tiempo concive como el sueño de los dioses de pertenecer a la tierra;
muerdo la esperanza de convertir el calmoso sendero,
a traviesas enrredaderas de las que seas incapaz de salir,
más los ojos inhibidos que me miran de pronto
transforman deseos en plegarias y
pequeños espasmos de frenesí
en el éxtasis que ambicionan los frígidos
y así, en un santíamen,
te observo arrojando colosales muestras
desmesuradas de fé y lealtad
al cabo de un instante en tus entrañas.